Daniel, fotógrafo.

“Creo que todavía estoy huyendo, May”

florian-perennes-720740-unsplash

“—Esa noche conduje hasta el aeropuerto y cogí el primer vuelo sin mirar el destino, solo con lo puesto, para no tener que enfrentarme a mis peores miedos: la culpa, el recuerdo de Jen, mi cobardía… y salí huyendo. —Hace una pausa, me mira y puedo sentir su dolor, la angustia en sus palabras. De repente, todo se ha vuelto demasiado oscuro—. Creo que aún estoy huyendo, May.”

 

May, estudiante.

“Entonces, no huyas más, Quédate conmigo.”

florian-perennes-612482-unsplash (1)

“No necesito escuchar ni una sola palabra más. Todo queda claro para mí. Está pidiendo a gritos que le ayude a olvidarlo. Si en algún momento he de poner sobre las mesa mis cartas, es en este preciso momento. —Entonces no huyas más —le susurro al oído—. Quédate conmigo.”

Paolo, el rival.

“Me gusta cómo te mueves. Deberías quedarte conmigo esta noche”

 

tim-mossholder-670389-unsplash

“Los ritmos latinos suenan por los potentes altavoces, y él rodea con sus manos mi cintura, con un suave movimiento envolvente. Enseguida toma el control. Sus manos, seguras y fuertes, saben cómo deslizarse con suavidad por mi espalda para dirigirme en el baile y su mirada profunda es capaz de robarme una sonrisa a los cinco minutos exactos de haber sido desagradable con él. —Me gusta cómo te mueves, dulzura. Deberías quedarte conmigo esta noche —me susurra al oído, acercando tanto su cara a la mía que su voz suave y profunda hace que se me erice la piel del cuello. Hace una pausa, espera. Sabe cómo seducir. Y yo lentamente, caigo entre sus brazos, desarmada. Pero él no desiste.”

 

Lawan, el pasado.

“Oh, Daniel, ¿de verdad eres tú? te he echado tanto de menos…”

reinaldo-kevin-666587-unsplash

“—Oh, Daniel, ¿de verdad eres tú?, ¡te he echado tanto de menos!, ¡Te veo muy bien! Me siento desplazada. Lawan ha conseguido su objetivo, y me ha dejado fuera, deliberadamente, con sus artes de seducción. No puedo negarlo, estoy celosa hasta la médula. Mi cara debe ser un poema. Su triunfo, una realidad. Daniel reacciona con cara de estupefacción, pero le devuelve el abrazo mientras me mira por encima del bien torneado hombro de la chica, divertido ante mi cara de circunstancias. —Me alegro de verte. —Daniel la saluda con frialdad, mientras intenta, sin éxito, mantener las distancias—. Ya me ha contado George la buena noticia. —Sí. Es cierto. Nos casaremos este verano —comenta risueña. A pesar de estar hablando sobre su inminente boda, sigue comiéndose a Daniel con la mirada—. He tenido mucha suerte, ¿sabes? Es corredor de bolsa en Nueva York y tiene un ático en la quinta avenida, una villa en Francia con viñedos y un apartamento en Saint-Tropez. Creo que voy a ser muy feliz con él.”