Hoy comparto con vosotros un pequeño relato que quisiera que fuera el germen de una nueva novela. He estado trabajando en algunos personajes y escenas, y de momento, esta es parte de la introducción de los protagonistas. Aún no tienen nombre, pero con el tiempo ellos encontrarán su propia voz. Espero que os guste y os enganche.

 

Por favor, no te enamores de mí

¿Cuántas barreras deberíamos derribar, si te enamorases de mí?

Por favor, no lo hagas. No quiero romperte el corazón. No quiero perderme en tus ojos, no quiero partirte por la mitad, irrumpiendo en tu vida como un soplo de aire fresco descarado para poner patas arriba tu mundo perfecto.

Barreras, tantas como estrellas en el cielo, y una atracción que no hay forma de controlar.

Otro tiempo, otro espacio, lazos que no estamos dispuestos a romper. Rutinas, vidas paralelas. Deseos inconfesables y paredes de hielo que surgen a cada latido acompasado de nuestro corazón.

Tú, yo, completamente incompatibles a priori, pero coincidiendo en nuestros sueños como si estuviéramos destinados a conocernos desde el principio.

El tiempo… Tú diez años más joven, parte de una generación diferente, con otra vida, en otro país, con otro idioma: más y más barreras. Sin embargo, en tus ojos veo que podríamos comunicarnos sólo con el tacto de nuestra piel. Me atrapa tu mirada sincera y esas palabras pronunciadas con acento británico a un oído no acostumbrado a ser seducido por un hombre como tú, que eres perfectamente consciente de ser un payaso con un corazón de oro.

Nos separan lazos infranqueables, elecciones recientes y complicaciones familiares. Tú, casado hace escasamente dos años, casi en tu luna de miel, disfrutando de tus momentos de ocio con un hijo recién nacido.

Yo, presa en un matrimonio aburrido lleno de rutinas, sin tener todavía muy claro dónde se perdió mi esencia y mi risa, con más tareas pendientes de las que puedo soportar.

A pesar de todo ello, y tú lo sabes, coincidimos.

En las redes somos sólo tú y yo. Aquí puedo hablarte directamente, sin que ningún muro se interponga entre nosotros. Oigo tu voz detenerse para suavemente pronunciar mi nombre y me estremezco hasta sentir que se me quiebra el corazón, cuando te ríes como un adolescente enamorado por lo que acabas de confesar.

Sólo te pido que no te enamores de mí, por favor. No quiero romperte el corazón. Es demasiado arriesgado. Ni tú ni yo podemos asumirlo, aunque me quede destrozada por dentro y en silencio te deje escapar. Lo nuestro es imposible.

Siento físicamente el dolor de decirte adiós.