Como prometí, aquí tienes la segunda parte de la historia de amor entre Ana y Carlos. En estos capítulos descubrirás el destino de ambos, y qué sucederá con Luisa, la insufrible ex novia de Carlos. Alguien intercederá por Ana para lograr lo que más anhela: ¿Te atreves a descubrir el final?

Como prometí, aquí tienes la segunda parte de la historia de amor entre Ana y Carlos. En estos capítulos descubrirás el destino de ambos, y qué sucederá con Luisa, la insufrible ex novia de Carlos. Alguien intercederá por Ana para lograr lo que más anhela: ¿Te atreves a descubrir el final?

7.- Confesiones

día 7:

Hey, Charlie…

Tenemos que hablar.

Bueno, más vale que hable yo sola, porque se que no podrás contestarme. No vamos a discutir por eso, ¿verdad?

Hace días me preguntaba que hago aquí, por qué vengo a verte cada semana y por qué me preocupa tanto que te quedes sólo por las noches.

La cuestión es que siempre encontraba la forma de responderme con una mentira, ocultando mis verdaderas motivaciones. Y eso no es justo ni para tí ni para mí.

Ahora que ya tengo claro que Luisa no volverá, voy a armarme de valor y por fin seré sincera.

Todo este tiempo he estado a tu lado porque te quiero.

Sí, lisa y llanamente. Te quiero desde el primer momento que pisaste la oficina con esa cara de despistado tan adorable y me preguntaste por la máquina de café.

Tú te reirás, pero desde ese instante, me quedé pillada por tí. Me moría por nuestras conversaciones arreglando el mundo frente a la mesa del ordenador, y por la forma en que, sin darte cuenta, arrugas la nariz como un cachorrito cuando estás concentrado.

Puestos a ser sinceros, te diré que también me pareciste inalcanzable. ¿quién no iba a querer a un chico como tú a su lado? Tus fans en la editorial eran legión y lo sabías. Sin embargo, esa complicidad de amigos de alma que tenías conmigo, no la tenías con nadie más. Podíamos gastarnos bromas, reír y hacer travesuras juntos, todo sin cargar con el peso de una relación de pareja entre nosotros, aunque a veces, yo necesitaba más.

Todo iba como la seda hasta que el accidente se llevó por delante todas mis esperanzas. Pero, quédate tranquilo, eso no va a hacer que te abandone.

Te esperaré todo el tiempo que haga falta. Sabes que no te fallaré.

Te veo pronto.

8.- Primavera

Día 8:

Los médicos dicen que sigues estable. Tus lesiones han ido curándose pero todavía te mantienen en este coma inducido. Es por tu bien, lo sé.

Seguramente no hay otra opción.

El cabecero de tu cama se ha llenado de fotos y recuerdos poco a poco. Pero desde hace un tiempo, no hay nada nuevo por aquí y cada día tengo que tirar a la basura menos flores secas.

Al principio, todos querían estar pendientes de tu estado, pero ahora, al ver que tu situación no ha variado, han dejado de venir. Lo cierto es que no los culpo. Supongo que no quieren molestar.

Estás tan raro, allí, en silencio… todavía no me acostumbro a verte así. A veces, cuando cae la noche y empiezo a sentir frío, coloco mi asiento junto a tí y te tomo de la mano.

Es casi una necesidad vital, que me confirma que estás bien, que sigues conmigo. Puedo estar así durante horas, sin leer, sin escuchar música, sin estar pendiente de otra cosa que no sea ese contacto contigo… Ya no siento vergüenza por hacerlo como al principio. Ahora sé que posiblemente sentir mi mano te haga tanto bien como escuchar mi voz y la de los que te quieren.

Espero que cuando leas esto, no esté yo presente, porque me podría dar un ataque de ansiedad. En el fondo, te estoy abriendo mi corazón, Carlos. ¿Hacemos un trato? Cuando despiertes, te dejaré solo para que te leas todo con calma y luego me cuentas.

En la oficina, por cierto, no hay demasiados cambios. La estudiante de intercambio sigue poniéndose roja cuando Jordi pasa a su lado y le tira una de esas miradas de seductor de manual tan típicas de él. Por otra parte, hemos estado tan ocupados preparando la campaña de Pascua que apenas he podido detenerme a pensar…

Han pasado ya dos meses y medio.

Pronto será primavera.

9.- Un mensaje afortunado

Esta mañana me ha llegado un mensaje de tu hermana.

¡Por fin se empiezan a ver cambios favorables en tu estado!

Aunque los médicos son prudentes, y por precaución no suelen implicarse emocionalmente con sus pacientes, han dicho que has empezado a responder a los estímulos.

Sin pensarlo dos veces, me he escapado de la oficina para verte, con tan mala suerte que al salir me he cruzado con la jefa. He disimulado tan bien que ni se ha dado cuenta de que el corazón me latía a cien por hora. La he esquivado entrando en el baño y después he salido corriendo hacia la parada de autobús, sintiendo que mi infracción de las reglas estaba más que justificada.

Iba tan emocionada por las buenas noticias que mi cabeza estaba más allá de las nubes. Si hubieras visto la cara del conductor del autobús cuando al ir a pagar, se ha ha caído la cartera y todas las monedas han quedado desparramadas por el suelo. ¡Ha sido un show! Oh, dios, me quería morir allí mismo.

Esta era la dosis de realidad que necesitaba para calmarme y para volver a caer en la incertidumbre de lo que iban a decirme los médicos sobre tus avances.

Las noticias son buenas. Pero no todo lo buenas que yo hubiera deseado.

La recuperación tras un coma no es como en las películas, en que el protagonista de repente se despierta y empieza a hacer preguntas como si nada hubiera pasado. Esto no es más que una fantasía que ha inventado Hollywood para que no nos muramos de aburrimiento y nos vayamos del cine a buscar emociones fuertes a otro lado.

La realidad es bien diferente. En el hospital han confirmado que pronto volverás a estar con nosotros, pero que será un proceso largo en el que deberás ir paso a paso para recuperar tu estado normal de conciencia y el control de tus funciones psicomotrices.

Pero no te preocupes, ahí estaré yo para apoyarte día a día.

No hay nada en el mundo que desee con más fuerzas que verte de nuevo sonreír.

Nos vemos.

10.- Lejos de tí

Carlos, perdóname por escribirte esto, pero es que no tengo otra forma de comunicarme contigo. Hace dos semanas que no he podido venir a verte.

Me lo han prohibido.

Literalmente. Y eso me parte el corazón.

Luisa ha regresado.

No es justo, no lo es en absoluto. Cuando la necesitabas, ella estaba en otra parte, de compras o de viaje. O simplemente de viaje para ir de compras. Dios, Carlos, no puedo soportar sus aires de superioridad. Esta tía se cree que viene directa de Hollywood de estampar las manos en el teatro chino.

Todo esto viene porque el lunes pasado abriste de nuevo los ojos y comenzaste a enviar señales de recuperación. Lamento no haber estado allí, pero es que soy una maldita cobarde.

Es curioso que las cosas se hayan complicado tanto desde que empezaste a mejorar. Y eso es porque ella también estaba al corriente de tus avances.

Luisa.

El último día que vine a verte tuvimos un encontronazo terrible. Yo estaba a punto de irme, porque era noche cerrada. Estaba arañando los últimos minutos a tu lado, preguntándome si cuando despertaras te dejarías el pelo largo como lo llevas ahora, y en ese instante, llegó ella.

Yo ya creía que jamás volvería a verla, así que imagínate la escena: ella entrando por la puerta, con un enorme ramo de rosas rojas y una tarjeta que ponía “feliz aniversario, amor mío”.

Cuando me vió, tuvo un terrible ataque de celos. Me gritó que me fuera, que dejase de molestar a su novio y que era una niñata estúpida en la que jamás tú te habrías fijado. Dejó mi moral por los suelos y tuve que escapar de ahí antes de que cumpliera su amenaza de tirarme las rosas a la cabeza. Nunca pensé que la vería reclamando el sitio que, según ella nunca debía haber perdido.

La odio. Supongo que lo habrás notado.

Por eso ahora te escribo desde casa, sin saber cómo va tu evolución y sin poder dejar de pensar en tí. Me contradigo, lo sé, pero es que tú ocupas el centro de mi universo. Estoy bastante melancólica, así que espero que me perdones las frases tan cursis del día de hoy.

Vendre pronto a verte. Te lo prometo. Pero me aseguraré de que ella no está junto a tí haciendo guardia, como una leona que no quiere perder su presa.

Nos vemos, Charlie.

11.- Quiero verte, cueste lo que cueste

Al teléfono, Ana habla con la madre de Carlos, Sofía. Ana está en la oficina, a punto de salir. Al final, se atreve a hacer esa llamada que tanta ansiedad le provoca. Lo que no sabía es que tiene una cómplice entregada. Las dos urden un plan para que Ana pueda estar con él a escondidas de Luisa, la novia celosa. 

—Hola? ¿Sofía? ¿cómo está hoy? Los chicos de la oficina y yo habíamos pensado traerle alguna cosilla, ya sabes, para animarlo. ¿Te parece bien que nos pasemos esta tarde? No sería mucho rato. No te preocupes, seremos discretos. No queremos molestarle.

—Sí… lo sé. Luisa no puede ni verme. Ya me lo dejó bastante claro… Pero tú eres su madre, Sofía. Sólo quiero saber si a tí te molesta que venga. No podría perdonarme si te hago sentir mal.

—Gracias por tu compresión. Sí, tienes razón. Hemos pasado por esto juntas. Ha sido duro, pero me alegro de que Char… Carlos hay empezado a hablar.

—Ya… no creas. Estoy bien. Aunque, si te soy sincera, le echo mucho de menos. Sobre todo, ahora que sé que empieza a reaccionar. Sé que ella está con él todas las tardes y ese es el horario en que yo podría verle. Así que… no se. Lo tengo difícil.

—¿De verdad? ¿lo dices en serio? ¿Ha preguntado por mí? Me das una alegría, Sofia! tengo que verle. Tengo que verle ya.

– Venga, ¿no bromeas?,¿lo harías por mí? ¿entonces, cuento contigo? ¡esto va a ser como en una peli de espías! gracias. De verdad. ¿A donde te la vas a llevar? llévala a tomar algo al Capuccino y verás como pronto se le olvida que Carlos está en cama todavía. Gracias, gracias otra vez.

—Por favor, cuidalo mientras llego. Espero que en este rato con Luisa no sea demasiado sacrificio. Te estaré eternamente agradecida. Me paso a las 5. Un abrazo…

12.- Una cita con Carlos

Son las 16:45 y ya estoy preparada. Me he puesto las zapatillas de running por si aparece Luisa antes de tiempo, no sea que se huela algo de la maniobra de distracción que le he organizado junto a Sofía, la madre de Carlos.

Tengo que confesar que estoy temblando como un flan y que me da miedo, sí, miedo de verdad, tener que enfrentarme a Carlos cara a cara, después de todo lo que ha pasado. Espero que todavía se acuerde de mí.

Con toda la pausa de que soy capaz, doy dos golpecitos en la puerta de su habitación y la empujo. Las persianas están medio bajadas. Carlos está descansando.

Me acerco a su cama sin despertarle y me doy cuenta de que su aspecto ha mejorado sensiblemente. Todo este tiempo sin verlo ha obrado el milagro. Quiero tocarlo, acariciarle el pelo y quedarme a su lado sin hablar, sólo disfrutando este momento. Mientras tanto, mi estómago se revuelve sin parar. No tengo ni idea de que voy a decirle cuando despierte.

—Carlos…

Él hace un gesto con la mano para retirarse un mechón del flequillo que le molesta. Después, se da la vuelta hacia mí y abre los ojos. al darse cuenta de que soy yo, me mira extrañado.

—¿Ana? ¿Eres tú?

Yo sonrío y una lágrima cae por mi mejilla, pero es una lágrima de felicidad. Estoy a punto de decirle que sí, que soy yo, que todo este tiempo también había sido yo, antes de que Luisa se interpusiera entre nosotros de nuevo. Quiero reír y besarlo, quiero abrazarlo tan fuerte que no sea capaz de separarme de él. Quiero sentir su corazón latir junto al mío, quiero que se sienta de nuevo vivo a mi lado. Pero todo eso tiene que esperar: debo ser prudente.

—Sí, Charlie, soy yo.

—Te he echado tanto de menos…

El sonríe de felicidad y busca mi mano. El tacto de sus dedos entrelazándose con los míos es la señal que estaba esperando. Suspiro sin poder detener las lágrimas, que ahora surcan mi cara en silencio. Por fin estoy en casa.

Y así termina, o empieza, esta pequeña historia de amor. Espero que te haya gustado y te haya llegado, aunque sea un poquito, al corazón.

Carmen